Nadie te enseñó a observarte: ¿por qué repetís tu vida aunque quieras cambiar?
- camilo castellanos

- 15 dic 2025
- 3 Min. de lectura
Vivimos en un mundo acelerado.
Hacemos, producimos, respondemos, cumplimos.
Pero casi nadie se detiene a mirar Nadie te enseñó a observarte
Y después aparece la frustración:
“Entiendo lo que me pasa, pero sigo igual”.
“Sé que tengo que cambiar, pero no puedo”.
“Repito las mismas relaciones, los mismos errores, el mismo cansancio”.
No es falta de voluntad. Es falta de observación real.
El problema no es que no cambies, es que no te estás viendo.
La mayoría de las personas cree que observarse es pensar sobre sí mismas. No lo es.
Pensar no es observar. Analizar no es observar. Entender no es observar.
Observarte es mirar tus comportamientos sin justificarte.
¿Cómo reaccionás cuando algo no sale como querés?
¿Qué evitas sistemáticamente?
¿Qué sostenés aunque te duela?
¿Qué te prometés cambiar… y no cambiás?
Tus comportamientos hablan mucho más que tus intenciones.
¿Por qué repetimos patrones emocionales sin darnos cuenta?
Porque el cuerpo aprende antes que la mente.
La mayoría de los patrones que hoy te limitan:
No nacieron ayer.
No son conscientes.
No se activan por lógica.
Se activan como mecanismos de protección.
Si tu sistema nervioso aprendió que amar es peligroso, te va a cerrar. Si aprendió que exponerte duele, te va a frenar. Si aprendió que elegirte genera conflicto, te va a sabotear.
No porque seas débil. Sino porque una parte tuya sigue intentando cuidarte.
Entender tu historia no alcanza para transformarla.
Este es uno de los puntos más importantes.
Muchas personas llegan a un nivel de comprensión enorme:
¿Saben de dónde viene su herida?
Entienden a sus padres.
Identifican sus miedos.
Reconocen sus patrones.
Y aun así… siguen igual.
¿Por qué?
Porque el cambio no sucede en el entendimiento. Sucede cuando tu sistema interno se reordena.
La transformación real no es intelectual. Es corporal, emocional y simbólica.
Observarte sin juzgarte: el primer acto de libertad
La mayoría se observa para castigarse:
“Siempre hago lo mismo”.
“Soy un desastre”
“Nunca avanzo”.
Eso no es observación. Eso es violencia interna.
Observarte de verdad es poder decir:
“Esto es lo que estoy haciendo. No me gusta. Pero ahora puedo elegir distinto.”
Cuando te observás sin juicio:
Aparece claridad.
Baja la ansiedad.
Recuperas poder de decisión.
Ahí empieza el cambio.
¿Quién soy cuando dejo de correr?
Esta pregunta incomoda. Por eso muchos la evitan.
Porque cuando dejás de correr:
Aparecen miedos.
Aparece el vacío.
Aparece el dolor no resuelto.
Pero también aparece algo más importante: tu verdad.
El acto más revolucionario que podés hacer hoy no es producir más, ni esforzarte más, ni exigirte más.
Es conocerte sin máscaras.
No estás roto: estás desconectado de vos.
Cuando una persona vive desconectada de sí misma:
Busca equilibrio afuera.
Pide validación.
Se adapta de más.
Se exige de más.
Se pierde.
El equilibrio no se encuentra. Se construye desde adentro.
Y para eso necesitás:
Observación
Acompañamiento
Un método que no te violente.
No más empuje ciego. No más frases vacías.
Cuando el acompañamiento marca la diferencia
Hay momentos donde hacerlo solo no alcanza. No porque no puedas.
Sino porque estás dentro del sistema que querés cambiar.
Un acompañamiento real no te dice qué hacer. Te ayuda a ver lo que hoy no estás pudiendo ver.
A ordenar:
Emociones
Decisiones
Prioridades
Dirección
Desde la raíz, no desde la superficie.
Si sentís que este texto te incomodó un poco, no es casualidad.
Probablemente hay algo en vos que ya sabe que seguir igual también es una decisión.
Podés agendar una sesión gratuita de claridad y ver juntos qué patrón te está quitando paz hoy y cómo empezar a ordenarlo sin forzarte.
No es terapia tradicional. Es reconstrucción interna.
Acompaño personas que funcionan por fuera, pero están desconectadas por dentro en procesos de transformación profunda, identidad y sanación emocional.
Camilo Castellanos





Comentarios