...y aun así decide seguir. Hubo días en los que el alma ya no podía más. Días en los que caminaba con el peso de heridas que nadie vio jamás. Días donde perder parecía la única constante. Y aun así, algo dentro mío habló. No fue motivación. No fue fuerza. Fue una voz baja, casi invisible, que me dijo: “Vuelve a creer.” Era mi fe. Y entendí algo clave: si no me rendí antes, no me voy a rendir ahora. El dolor no te rompe: te revela Aprendí que de cada lágrima —gota a gota— nac