Hay dolores que no tienen nombre. No me dolía que se fuera. Me dolía que se quedara a medias. Que me cuidara, pero sin compromiso. Que apareciera, pero sin promesa. Que me amara… sin elegirme. Y lo peor: que yo siguiera esperando que un día, quizás, tal vez, finalmente decidiera. Mi cuerpo me gritó lo que mi mente no quería ver La opresión en el pecho llegó primero. Después, la garganta cerrada. La ansiedad constante. Un cansancio que no se iba ni durmiendo ocho horas. Hasta